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Asteya. Robar a los demás - Bloom
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Asteya. Robar a los demás

Asteya. Robar a los demás

Cada martes reflexionamos sobre los Yamas y Niyamas, que son pautas éticas que nos guían en el camino del Yoga. Hoy y durante varias semanas cultivaremos Asteya, la tercera joya de los Yamas, que significa “no robar”. 

Asteya te invita a vivir con integridad y coherencia. Si vives en el temor y la mentira, tu insatisfacción contigo mismo y con tu vida te hará mirar hacia fuera, a desear lo ajeno y tenderás a robar lo que no es legítimamente tuyo. Robarás a los demás, a la Tierra y al futuro y te robarás a ti mismo. Y no hablamos de robar algo material, no. Te robarás la oportunidad de crecer y convertirte en alguien que tiene derecho a llevar la vida que desea. El primer aspecto a tener en cuenta para cultivar Asteya en nuestras vidas es el darnos cuenta de cuando “robamos a los demás”.

Cuando sentimos insatisfacción con nosotros mismos y con nuestra vida, tendemos a mirar hacia fuera. Un enfoque externo nos lleva a compararnos con los demás y a gastar nuestra energía en sus vidas. Cuando nos comparamos con alguien, puede suceder que nos creamos inferiores o superiores. Es entonces cuando, de forma inconsciente, intentamos manejar a los demás con el fin de inflar nuestro propio ego. Tratamos de “superar” sus historias respondiéndoles con nuestras propias historias más fabulosas aún en un intento de hacernos sentir mejor con nosotros mismos. 

¿No os ha pasado nunca que alguien está contándoos con entusiasmo su próximo viaje e inmediatamente le respondemos hablándole del viaje, mucho más exótico (por supuesto), que hemos planeado o que ya hemos realizado? La conversación termina girando sobre nosotros y nuestro viaje, en lugar de estar presentes con el otro. Robándole ese momento de expresión, le hemos robado la oportunidad de ser escuchado.

Propongo prestar atención a las conversaciones que mantenemos. Observa qué sientes, escucha qué dices. Si nos importan de verdad, haremos el esfuerzo de expresarles nuestro cariño de una manera que les haga sentirse apoyados y queridos. Al finalizar una conversación, pregúntate: 

“¿Le he alegrado el día por dedicar unos momentos a escucharlo, felicitarlo de corazón o sencillamente sonreírle?

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